Pedro de Abano

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Pedro de Abano
Pedro de Abano y su libro mágico: El Heptameron

Abano, Italia, año 1250. 

Es en esta fecha cuando nace Petrus Aponus (en latín) también llamado Petrus de Padua quién se convertiría en insigne médico, astrólogo y alquimista. 

Francisco Cabrera / LES

Su vida, como la de todos los astrólogos y alquimistas, fue una rara mezcla de patrañas y de realidades. 

Se dice que estudió griego en Constantinopla, matemáticas en Padua, y que en Paris se doctoró en medicina y filosofía. 

Al parecer viajó por Inglaterra y Escocia, de donde volvió a Padua en 1303 ó 1304, para ejercer brillantemente la medicina conforme a las doctrinas árabes, de quienes era entusiasta admirador. 

Pedro de Abano adquirió gran fama por sus dotes y conocimientos, pero Abano parece que también tenía dotes comerciales pues se negaba a visitar fuera de la ciudad a los enfermos como no le pagasen cincuenta escudos por visita; y no acudió al llamamiento del Papa Honorio IV hasta que este le prometió cuatrocientos ducados diarios.

Fue denunciado en 1306 a la Inquisición por mago, ateo y hereje, y se defendió tan bien que tuvieron que dejarle libre. Fué acusado de nuevo en 1315 por poseer el secreto de la piedra filosofal, y de que el diablo le hacía volver a sus bolsillos todo el dinero que gastaba. 

Los más críticos decían que toda su piedra filosofal consistia en que cobraba muy caras sus visitas, y el diablo que le conservaba el dinero no era más que su gran economía. Le acusaron también de haber aprendido las siete artes liberales, con siete duendecillos diminutos que tenían sus cátedras dentro de una redoma encantada. 

Las acusaciones fueron tan formidables que los inquisidores lo habrian llevado vivo a la hoguera, y no haber muerto Abano de muerte natural en 1316. Sin embargo, aún después de muerto, recayó en la causa sentencia del Santo Oficio, quien falló que el cadáver fuese exhumado y arrojado a las llamas. 

Pero un amigo secretamente recogió el cadaver y lo escondió en una iglesia. Los inquisidores entonces hicieron quemar a Abano en efigie por la mano del verdugo en la plaza pública para escarmiento y castigo de sus hechicerías.

En 1560, Pedro de Lignamine puso un epitafio latino muy sencillo en memoria de Abano a la entrada de la iglesia de San Agustín. Federico, duque de Urbino, colocó entre sus estatuas de los hombres ilustres la de este medico alquimista. 

El Senado de Padua le erigió otra estatua a la puerta de su palacio, entre las de Tito Livio, Alberto y Junio Paulo. Como curiosidad, Abano sentía tal aversión a la leche y al queso que no los podia ver sin que le dieran síncopes, una rara idiosincrasia de que también se sacó partido para probar que estaba dejado de la mano de Dios.

Abano escribió muchas obras sobre medicina, astrología y alquimia. La critica hoy las declara eruditísimas, pero de escasas ideas originales. Todas de interés histórico. La más conocida es su Conciliator differentiarum quae inter philosophos et medicos versantur; Mantua, 1472, y Venecia, 1476, en folio, obra rara, aunque reimpresa varias veces.

El autor trata en ella de conciliar las opiniones de los filósofos con las de los medicos, y cita a menudo a los medicos árabes, particularmente a Averroes. – Sus otras obras son: De Venenis eorumque remediis liber; Mantua, 1472, 4.° (la Biblioteca de Basilea posee un hermoso manuscrito latino), fol. ; Geomantia, Venecia, 1505 y 1556; 8º; Expositio problematum Aristotelis, Mantua, 1475, fol.; Hippocratis de medicorum astrologia libellus, griego y latin, Venecia, 1485, en 4º; Astrolabium planum in tabulis ascendens, continens qualibet hora atque minuta aequationes domorum coeli, etc., Venecia, 1502, 4º ; Dioscorides, digestus alphabetico ordine, Lyon, 1512, en 4º ; Heptameron, París, 1474, 4º; Textus. Mesnes noviter emendatus, etc., Venecia, 1505, en 8º; Decisiones physionomicoe , 1548, 8º (la Biblioteca de París posee un manuscrito de esta obra con el título Liber compilationis physionomiae a Petro de Padua); Quaestiones de febribus, Padua, 1482 (manuscrito de la Biblioteca nacional de Francia); Galeni tractatus varii a Petro Paduano latinitate donati (manuscrito de la Biblioteca de San Márcos de Venecia); Elementos para operar en las ciencias mágicas (manuscrito francés de la Biblioteca del arsenal de París).

SU OBRA MAS MAGICA: EL HEPTAMERON

Pese a algunas opiniones contrarias, el Heptameron es una obra atribuída a Pedro de Abano. La primera edición de este manual de magia ceremonial parece datar de 1495 y publicada en Bolonia. 

Algunas bibliotecas europeas disponen de ediciones de 1559 y 1565, posteriormente aparece como un apéndice de la Ópera de Agrippa y en el Cuarto Libro de Filosofía Oculta, del mismo autor.

Al lector se le instruye en la construcción del círculo mágico, en los nombres de los ángeles, bendiciones, fumigaciones, exorcismos, oraciones a Dios, visiones, apariciones y conjuros para cada día de la semana, de ahí el nombre de Heptamerón.

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