Sancho,destronado por su obesidad

Sancho I de León
Sancho I de León, “el Craso”
El rey que fue destronado por su obesidad.

Sólo con el título ya puedes imaginar que esta es una historia es digna de “Juego de Tronos”.

Nos encontramos en el reino de León, situado en el norte de lo que hoy es España y en los tiempos de la Alta Edad Media. 

En estas fechas, los castillos coronan los paisajes, el campesino rinde vasallaje a un señor armado y los monjes copian en su scriptorium libros antiguos que guardarán con recelo en sus monasterios mientras repican las campanas. Estamos en la época feudal.

La infancia de Sancho

Es en este ambiente cuando muere un rey, Ramiro II de León en 951. Sancho fue hijo del segundo matrimonio que tuvo el rey, pero el hermanastro mayor de Sancho, Ordoño III, heredó la corona.

Sancho no se crió con su padre sino que vivió la mayor parte de su infancia en Burgos, con su tía Sancha de Pamplona y, por lo tanto, alejado de su padre. Ya de pequeño se mostró sin personalidad y con cierta obesidad, no muy común en esta época.



La razón de que estuviera alejado de su padre no es más que una muestra de poder del mismo rey, pues estando uno de sus hijos mostraría poder sobre un conde que ya se había alzado contra el rey: Fernán González, conde de Castilla y casado con la tía de Sancho. 

Además, la educación del joven Sancho era supervisada por su abuela Toda, reina viuda y regente de Navarra.

Fernán González conspiró y se alzó contra el rey en 953 con apoyo de soldados navarros, llevados por una abuela que prefería ver a su nieto como rey. 

Se justificó alegando los derechos que Sancho tenía a la corona y supo manipularlo para hacerle ver que realmente tenía opciones a la corona. Sancho tendría que esperar pues Ordoño III supo defenderse y la conspiración no llegó a su objetivo.

Mientras tanto, Sancho comía sin cesar hasta el punto de estar incapacitado para lo más básico de la vida cotidiana y no podía montar a caballo ni llevar armas. En agosto de 955, tras morir el rey Ordoño III por causas naturales, Sancho fue coronado como rey de León.


El heredero efímero del reino

Lo primero que hizo como rey fue desquitarse de la tutela de su tío Fernán González en un afán por demostrar su poder real. Resentido, su tío alegó que no era digno de ser rey, pues no podía ni siquiera ponerse en pie ni ser capaz de concebir hijos. 

Fernán González ya tenía preparado un plan alternativo y ya había casado a su hija Urraca con otro Ordoño, primo de Sancho y con derecho al trono. 

Éste no le tenía mucho afecto a Sancho, pues el padre de Sancho había dejado ciego y encerrado hasta la muerte al padre de Ordoño.

El caso es que, tanto por lo hecho por su padre, las ambiciones de Ferrán González y su obesidad, Sancho fue depuesto en 957 cuando llegaron las tropas de su tío, coronando a Ordoño IV como rey de León. Sancho, derrotado, fue a Navarra a pedir ayuda a su abuela.


La mediación de Abderramán III

Las abuelas tienen remedio para todo y la de Sancho no fue menos. Pidió ayuda a Abderramán III, califa de Córdoba quien, en verdad, era el verdadero poderoso en aquellos tiempos y controlaba prácticamente toda la península. 

Abderramán mandó a su médico personal, el judío Hasday Ibn Shaprut que, asombrado por la obesidad de su paciente, concluyó que sólo podría tratarlo en Córdoba. Sancho aceptó y toda la familia se dirigió allí.

Abderramán III aprovechó la coyuntura y firmó unas condiciones favorables para él en el que incluían plazas fronterizas y una alianza con los navarros.

Mientras tanto, a Sancho se le aplicó una medida extrema para el adelgazamiento. Durante cuarenta días estuvo atado a una cama y sólo pudo ingerir infusiones preparados por los médicos de Córdoba. Luego, se le aplicó baños para relajarle y hacerle sudar, así como masajes para mitigar la flacidez que tal adelgazamiento provocaba. Se dice que desde entonces fue muy estricto con su dieta y con lo que se servía en la mesa.

Una vez recuperado, Abderramán III y Sancho emprendieron su acuerdo junto a su abuela Toda. La situación no podía ser mejor. Ordoño IV había sido injusto con sus vasallos y había ganado enemigos entre el pueblo y la nobleza.
La toma de la corona leonesa

En el año 959 Sancho invadió León al frente de un ejército musulmán y sus tropas leales. Sólo la ciudad de León le resistió esperando la llegada de Fernán González que no pudo llegar porque acabó prisionero de los navarros. Ordoño IV acabó huyendo y cayó en desgracia, pues ya no era necesario en las tramas políticas y murió en Córdoba exiliado. 

Al fin, Sancho se coronó rey de León y se casó con Teresa Ansúrez con quien tuvo un hijo y una hija.

Llegó la hora de pagar lo prometido a los cordobeses. Sin embargo, Abderramán III falleció y le sucedió su hijo Al-Hakam II. Navarros y leoneses aprovecharon la coyuntura para no cumplir lo pactado, haciendo incluso una alianza con castellanos y dos condes catalanes obligando al califa a declararles la guerra. Las tropas musulmanas derrotaron uno a uno a todos ellos, obligando a Sancho a firmar la paz.

La muerte de Sancho

La inestabilidad volvió y se rebelaron nobles gallegos y castellanos aprovechando la debilidad del rey tras la derrota frente a los musulmanes. Sancho acudió a sofocar dichas revueltas. 

Un noble gallego llamado Gonzalo Sánchez pidió una entrevista con el rey para limar diferencias. 

Tras la entrevista, se ofreció un festín en el que el rey Sancho comió una manzana (otras fuentes dicen frutos secos). Horas después enfermó y se dispuso a volver a León para ser tratado, pero murió durante el camino tres días después. Había sido envenenado.

Paradójico final para un rey que, de ser destronado por su obesidad, acabe envenenado por querer comer una simple manzana.

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