Janusz Korczak

 Janusz Korczak, 1930
Janusz Korczak, 1930

Janusz Korczak: el profesor que venció a los nazis.

Tras presentarte al hombre que se negó a saludar a Hitler, hoy queremos que conozcas a Janusz Korczak, el profesor que venció a los nazis

“DE NIÑO ERA RETRAÍDO, SOLITARIO Y TENÍA POCOS AMIGOS. MI ABUELA DECÍA QUE ERA UN FILÓSOFO, MI PADRE, QUE ERA MEDIO LENTO. AMBOS TENÍAN RAZÓN: MITAD Y MITAD.”

Así, se autodescribía uno de los más grandes pedagogos del siglo XX. ¿Quiere conocer su historia? ¡Acompáñeme!
Las raíces

Era julio de 1878, Polonia era ocupada por los rusos y Varsovia vivía una de las etapas más duras de su historia. 

Fue en ese entorno que el prestigioso abogado Józef Goldszmit y su esposa Cecilya, vieron llegar a Henryk, su primer y único hijo. 

A pesar de la terrible desigualdad social presente en la capital polaca, los Goldszmit, de origen judío, ocupaban un lugar social privilegiado, lo cual les permitió vivir sin ninguna precariedad.

Hasta la adolescencia, Henryk no mostró ninguna cualidad extraordinaria. Algunas fuentes lo describen como un niño muy curioso pero solitario. 

Sin embargo, su personalidad habría de cambiar a los doce años, cuando su padre fue internado en un centro psiquiátrico debido a un cuadro de demencia. 

Esta situación lo llevó a sobreponerse como el hombre de la casa y a concebir la lectura como único refugio. 

El propio Korczak narrará más tarde sus hazañas como lector compulsivo y también los pormenores de cómo compitió en diversos certámenes literarios en donde comenzó a tomarle cariño a su seudónimo: Janusz Korczak.

Finalmente, en abril de 1896, el padre de Korczak muere en un manicomio, provocando que la solvencia económica de la familia se viniera abajo.


La guerra

Muerto su padre, Korczak hizo de todo para culminar sus estudios como médico.Finalmente se gradúa en 1905. A pesar de ello, no tuvo tiempo para reaccionar debido a su participación activa como médico de la cuadrilla polaca durante la guerra ruso-japonesa. 

Un año más tarde regresaría a Varsovia para trabajar en un hospital, estrictamente en el área de pediatría donde tuvo su primer contacto con los niños.

A pesar de su convicción médica, Korczak no podía ocultar su amor por los infantes y su ansia de justicia social. 

Situación que lo llevó a descuidar su labor como pediatra para dedicarse a curar de manera gratuita a los estratos más vulnerables de la sociedad. 

Fue precisamente ese fuego pedagógico el que provocó que las conferencias sobre medicina fueran haciéndose cada vez menos frente a las de corte educativo.

Janusz Korczak

A los veinte, Korczak conoció la obra de Pestalozzi, Montessori y Fröbel, quedando especialmente enamorado de las ideas de Dewey. 

No obstante, la suerte iba a jugarle una nueva trampa cuando en pleno fervor pedagógico la llama de la Primera Guerra Mundialcomenzó a recorrer Europa. 

Una vez más, el joven Korczak, prestó sus servicios a la tropa rusa, utilizando su poco tiempo libre para escribir sus reflexiones. 

Las escenas de la guerra y los grupos de niños huérfanos que se escondían entre los restos de las ciudades atacadas, tendrían un papel protagónico en su identidad pedagógica.


El pedagogo

De nuevo en Varsovia, Korczak renunció a cualquier privilegio que su apellido le trajera y decidió vivir con los obreros, con quienes más lo necesitaban. A sus cercanos treinta, se había convertido en un escritor compulsivo y en un pedagogo libertario. 

Unos años después y tras gestionar fondos de grupos filántropos, estableció su primer orfanato, en el cual brindó refugio, alimento y educación a poco más de un centenar de huérfanos judíos.

En su orfanato, Korczak tuvo la oportunidad de poner en práctica su ideario pedagógico en el que imperaban términos como “libertad” y “democracia”. Así, los niños constituían asambleas en las que decidían las responsabilidades y códigos de comportamiento y en donde primaba el consenso. 

El modelo adoptado por Korczak fue contemporáneo en tiempo y forma del planteado en Inglaterra por N. S. Summerhill.

Para 1926, Korczak ya había logrado construir un orfanato más (ahora para niños polacos) y la sociedad varsoviana lo veía con gran respeto. Durante años no detuvo su labor como periodista, locutor y profesor, oficio que lo llevó a ser condecorado con la Cruz de Oficial de la Orden del Renacimiento de Polonia, por su labor social. 

Durante esa temporada, fundó la “Mały Przegląd”, una pequeña revista en la que los niños podían plasmar sus opiniones sin ningún riesgo de censura. 

Sin embargo, su tesón crítico le ocasionó problemas constantes con el gobierno polaco debido a sus duras reflexiones en contra de la escuela tradicional y de la percepción del niño como un ente transitorio e inútil.

Los dispositivos pedagógicos implementados en ambos orfanatos marcaron un precedente en gran parte de la sociedad europea. Rompiendo así con el estereotipo de las escuelas rígidas y militarizadas para abrir paso a la cálida imagen de un hombre entregado en cuerpo y alma a sus niños. 

Es necesario destacar que Korczak no estuvo solo sino que fue siempre acompañado por la fiel María Falska, una joven activista que se enamoró de sus ideas y que compartió cada uno de sus sueños.

María y Korzack, fungían como padres de casi doscientos niños. Cuyas edades se distribuían desde los tres hasta los catorce años. Niños que encontraban en el orfanato no sólo lo necesario para satisfacer sus necesidades físicas, sino también las emocionales.


El tercer reich

La tan costosa tranquilidad alcanzada en Varsovia se vio interrumpida en 1940, año en que la Alemania de Hitler invadió Polonia y reubicó a más de 500 mil judíos en un reducido suburbio que después sería conocido como el gueto de Varsovia.

Furioso por la tiranía nazi, Korczak decidió manifestarse y alzar la voz ante la amenaza de ser removido. Sin embargo, el gesto temerario fue mitigado con dos semanas en prisión, de las cuales saldría bajo fianza gracias a la ayuda de sus amigos. 

Devastado, Korczak no tuvo otra opción que mudarse con sus niños y tratar de continuar el rumbo, aunque en el fondo supiera que lo peor estaba por venir.

Retador, Korczak trabajaba con su viejo uniforme del ejército polaco, que en aquél momento era dominado por los alemanes. Las repercusiones fatales de su rebeldía fueron evitadas por un grupo de influyentes amigos que intercedían por él ante el ejército germano. 

Estos mismos, trataron numerosas veces de persuadirlo para que abandonara su afán pedagógico y se refugiara en un lugar tranquilo, apartado del conflicto bélico. Korczak, sin pensarlo un segundo, se negó a traicionar a sus niños cuanta veces fuera necesario.

Janusz Korczak

El último tren a Treblinka

El pedagogo polaco trató durante dos años de preservar el avance educativo de sus infantes en un contexto complicado. El gueto de Varsovia estaba sobrepoblado y desprovisto de alimentos. 

Así, cada mañana Korczak recorría las calles con una bolsa en las manos tratando de recolectar semillas o un trozo de pan para los pequeños del orfanato. 

En las calles los rumores sobre el interés de los nazis por exterminar a los judíos comenzaba a expandirse.

A manera de respuesta, reconociendo que el inminente final estaba cerca, Korczak decidió preparar a sus niños para la muerte. Pretendía que pudieran verla como un proceso natural e inevitable. 

Destrozado, no tuvo otra idea que representar junto al resto de los maestros y algunos niños, la obra “El cartero del rey”, escrita por Rabindranath Tagore y en cuya trama se encuentra la escena de un niño moribundo que sostiene un diálogo desgarrador con su médico antes de morir. 

Los niños observaron tan atentos como atónitos, habían captado el mensaje.
Finalmente, en agosto de 1942, el ejército alemán sorprendió al gueto. 

Los desgarradores gritos apenas se camuflaban con el rugir de las locomotoras. 

Antes de que una cuadrilla de soldados alemanes se dispusiera a desalojar el orfanato por la fuerza, como los superiores lo habían encomendado, el maestro dio la cara.

Tranquilos, incluso sonrientes, más de doscientos niños seguían los pasos de doce profesores y el viejo profesor Korczak. 

Caminaron cerca de veinte metros sin ser interrumpidos por los soldados. Uno a uno, los niños fueron subiendo a los vagones, jugueteando, tomados de las manos. 

Después, Korczak haría lo mismo con la cabeza en alto, abrazando a sus doscientos hijos, sabiendo que en el fondo lo había logrado. 

Al final el tren partió y con él la vida.

Publicado por / Fuente : https://supercurioso.com
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