Mujeres en la Antigua Roma

Mujeres en la Antigua Roma
La mujer en la Antigua Roma, aunque siempre a la sombra del varón, tuvo más derechos y libertades que la mayoría de pueblos de la antigüedad, incluida la antigua Grecia Sabemos poco de la mujer romana: 

La historia de Roma se ha escrito por varones. 

Una civilización basada en firmes estructuras patriarcales, con hombres en todas las posiciones de poder. 

A pesar de ello, podemos afirmar que la mujer romana tuvo más derechos y libertades que la mayoría de pueblos de la antigüedad. 

A diferencia de la mujer ateniense, recluida en casa y dominada por el varón en todas las facetas de su vida, las romanas gozaron siempre de una cierta independencia respecto al esposo, sobre todo si procedían de una familia acaudalada. 

La sociedad romana era muy clasista, y las mujeres no escapaban de dicha jerarquización de clases. 

Las mujeres pertenecientes a la clase alta, aportando una cuantiosa dote al matrimonio, gozaban de una mayor independencia, ya que en caso de divorcio esa parte del patrimonio común regresaba íntegro a ella. 

Las viudas eran las que disfrutaban de una mayor libertad: controlaban su propio patrimonio y no dependían de ningún hombre más allá de la autoridad que sus hijos varones trataban de ejercer sobre ellas. 

Desde el inicio, las niñas eran relegadas a un papel secundario: al nacer no tenían nombre propio, adoptaban el del padre en femenino, y las no deseadas eran abandonadas, y si sobrevivían, condenadas a la esclavitud. 

Hasta los 12 años asistían a la escuela pública (las de la clase patricia tenían sus preceptores en casa), donde la enseñanza que recibían estaba encaminada a hacer de ellas buenas esposas: aprendían canto, matemáticas, recitado de poemas y costura. 

A los 12 años, o a veces incluso más jóvenes, contraían matrimonio.A ojos de hoy, esto parece escandaloso, pero puesto en contexto histórico social no lo era en absoluto. 

La esperanza de vida era muy menor que en la actualidad. La mayoría solo llegaba a los 25 o 35 años, con un poco de suerte. 

En el caso de las mujeres, muchas morían en el parto o debilitadas por tener demasiados niños sin respiro. 

Se esperaba de ellas que tuvieran tantos bebés como pudieran porque muchos no alcanzarían la madurez. No es de extrañar pues, que la anticoncepción y el aborto fueran frecuentemente utilizados por las mujeres. 

En el mundo rural la igualdad era más presente, trabajando igual que los hombres en las labores agrícolas. 

En la ciudad, podían llegar a ser incluso a ser comerciantes y llevar sus propios negocios, aunque siempre bajo la tutela de los hombres. 

A diferencia de las mujeres griegas, que les estaba prohibida la vida social, las romanas (sobre todo en la época imperial) llevaban una intensa vida propia y andaban libres por las calles; acudían a los banquetes y actos oficiales junto al marido, iban al mercado y asistían a los espectáculos (en los asientos reservados para ellas, con peor visibilidad). 

Todo ello siempre con la cabeza cubierta como señal de recato. 

En el plano sentimental, los romanos compartían la distinción griega entre el afecto por la esposa por una parte y las bajas pasiones por otro. 

El matrimonio era muy importante en Roma. Sin embargo, el amar a la esposa era algo que pocos se lo tomaban en serio. 

La unión tenía como objetivo perpetuar el linaje, y en las clases altas, forjar alianzas políticas y sociales. 

A nivel político, como en Grecia, las mujeres romanas estaban excluidas de la vida política y ciudadana: no podían votar ni acceder a las magistraturas. 

Ahora parece inaudito, pero hace tan solo 100 años que la mujer pudo votar por primera vez, en el Reino Unido, después de largos años de reivindicaciones. 

Lamentablemente, nunca sabremos lo que pensaban las mujeres romanas acerca de su inferior posición social. Durante la Edad Media, se acentuó la visión de la mujer como un ser “inferior”. 

Esta visión no comenzó a disolverse hasta el Renacimiento, tomando a la mujer como ejemplo de pureza y honestidad, pero aún sin derechos sociales. 

La Revolución francesa marcó un punto de inflexión, pero no fue hasta entrado el siglo XX cuando hubo una verdadera intención de eliminar diferencias entre hombres y mujeres. 

Aun así, a mediados del siglo XX, el papel de las mujeres todavía se limitaba a tareas domésticas y cuidar de los hijos, sin grandes avances respecto a la antigua Roma. 

Es en las últimas décadas, más de 1500 años después de la caída de Roma, cuando, por fortuna, la situación de la mujer, ha cambiado, y mucho. 

Autor| Víctor Bertran Cortada 
Publicado por / Fuente : http://www.antrophistoria.com
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