¿Serían hadas?

¿Serían hadas?
Las hadas que no se hicieron con Photoshop.

Dos niñas, Elsie y Frances, con la cámara fotográfica del padre de una de ellas, supuestamente retrataron a unas hadas que vivían en el jardín de la casa donde residían.

En julio de 1917 una serie de cinco fotografías tomadas por Elsie Wright y Frances Griffiths, dos primas de 10 y 16 años que vivían en Cottingley, cerca de la ciudad inglesa de Bradford, conmocionaron el mundo científico.

En esas imágenes aparecían las niñas jugando con lo que inequívocamente eran hadas.

Elsie Wright y Frances Griffith Dos niñas, Elsie y Frances, que eran primas y contaban con 16 y 10 años respectivamente, dejaron volar su imaginación por primera vez en 1917.

Con la cámara fotográfica del padre de una de ellas, supuestamente retrataron a unas hadas que vivían en el jardín de la casa donde residían en Cottingley, Bradford (Yorkshire del Oeste, Inglaterra).

Hay que tener en cuenta que Elsie era pintora y dibujante y que además tenía experiencia como fotógrafa; no le habría sido difícil diseñar fotografías que pareciesen creíbles.

A pesar de que el padre les prohibió continuar con aquél juego, en 1919 el asunto trascendió los muros de su hogar, y la gente comenzó a interesarse por la historia.

La atmósfera supersticiosa que envolvía las sociedades secretas y científicas inglesas en el siglo XIX propiciaba que intelectuales de la época y personalidades diversas prestaran su nombre y su prestigio a apoyar investigaciones relacionadas con el ocultismo, lo paranormal o lo decididamente bizarro.

Sir Arthur Conan Doyle, el prolífico creador de Sherlock Holmes y el autor de novelas de aventuras con fondo científico, como El mundo perdido, era además un reconocido espiritualista, y le fue encargado un artículo sobre el asunto para la revista Strand Magazine.

En diciembre de 1920 publicó el artículo en la revista The Strand Magazine, demandado por el propio magazine, en el que daba veracidad a las fotografías de las niñas.

Consiguió las cinco fotografías que habían tomado las niñas, que fueron puestas en tela de juicio por unos y otros, por lo que resolvió enviar a un colaborador al pequeño pueblo provisto de veinte placas y una cámara, para que Elsie y Frances pudieran obtener más imágenes de las pequeñas criaturas luminosas que pueblan el imaginario popular.

¿Serían hadas?
Entre sus mayores defensores se encontraba el famoso Arthur Conan Doyle, aclamado espiritista y autor de las novelas de Sherlock Holmes.

A pesar de que muchas personas estaban perdiendo ya el interés, Conan Doyle siguió creyendo en la existencia de las hadas de Cottingley, como quedó demostrado cuando escribió el libro The coming of the fairies, en 1922, en el que animaba a no dejarse llevar por la incredulidad respecto a aquellos que eran acusados de farsantes sin mayores dilaciones.

En 1930, fallecía Conan Doyle. Pasó medio siglo desde entonces hasta que Frances y Elsie dijeron la verdad: las hadas que aparecían en las fotografías eran recortables de un libro titulado Princess Mary,

Su buen amigo Houdini, el famoso mago y escapista, era racionalista y rechazaba la pasión de Conan Doyle por el mundo de los espíritus, y el asunto de las hadas terminó por enemistarlos y romper su relación.

Tal fue el entusiasmo que el asunto despertó en la época, a pesar del escepticismo de muchos, que los tabloides se hicieron eco de los supuestos descubrimientos, y la gente se agolpaba a las puertas de los auditorios donde se celebraban las conferencias sobre el tema, y donde se proyectaban las misteriosas fotografías de las pequeñas y esquivas criaturas.

Lo cierto es que entonces no existía Photoshop, y las técnicas de revelado y manipulación de imágenes eran muy limitadas, pero aun así, algunos artistas lograron crear esas ilusiones.

Houdini no murió durante la ejecución de una de sus complicadas fugas, sino a causa de una apendicitis, pero Conan Doyle, mantuvo hasta el final su apoyo a la existencia de estos seres.

Para quien esto escribe un hada es una criatura capaz de disipar la dolorosa y a menudo injusta realidad con su sola presencia, abriendo un resquicio entre lo que creemos probado y lo que deseamos posible, más allá de su viabilidad.

¿Serían hadas?
En 1997 llegaba a los cines la película Cuento de hadas (título original FairyTale: A True Story), basada en un hecho real ocurrido en Inglaterra, en 1917.

Dos niñas aseguraban haber encontrado hadas en lo más profundo de su jardín, a las cuales habían fotografiado bailando y volando alrededor de ellas. Durante años mucha gente le dio crédito a las niñas, e incluso hoy en día hay quienes creen en su palabra. 


En medicina esto recibe el nombre de placebo.

Las niñas con las que abríamos esta pieza admitieron finalmente haber retocado cuatro de las cinco imágenes (se supo después que Elsie, la mayor, había estudiado fotografía).

Pero siempre sostuvieron que habían visto a las hadas en realidad, y la quinta imagen, en la que aparecen dos hadas con los rostros que ahora sabemos que pertenecen a Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla, nunca pudo ser explicada por los expertos.

Conclusión 

Quizá “fraude” sea una palabra demasiado fuerte para calificar este suceso. Es cierto que las fotografías no mostraban hadas reales, pero hay que entender el hecho en su contexto.

En un país que sufría los padecimientos de la guerra, era lógico que dos jóvenes encontrasen una dulce evasión en el contacto con seres fantásticos.

Cuando el horror hace aparición, el ser humano necesita creer en algo para mantenerse firme, y estas niñas se dieron esperanza a sí mismas y a muchas otras personas con la historia de las hadas de Cottingley.

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