Del color de los huevos

color de huevos
Del color de los huevos.

Los huevos pueden ser blancos, marrones, verdes, azules, rosas, liso o moteados. Es algo que ya describía Aristóteles en su Historia de los animales. 

Durante siglos no se supo la razón. 

Fue un asunto que no empezó a estudiarse hasta finales del siglo XIX pero hasta la década de 1970 no se alcanzó el gran hallazgo. Todo se debía a dos pigmentos distintos producto del grupo hemo de la hemoglobina: uno marrón rojizo, la protoporfirina, y otro verde azulado, la biliverdina. 

Juntos usaban la blanca cáscara de carbonato cálcico como lienzo para desplegar una gran variedad de colores.

Pero como para toda buena respuesta surge otra pregunta: ¿Cómo puede suceder con tan solo dos pigmentos? Hauber se hizo la misma pregunta. Para ello visitó museos de historia natural y midió los espectros de reflectancia de los huevos de 636 especies distintas de casi todos los órdenes de aves. 

Con esos datos podían determinar cómo veían las aves a los huevos, ya que esta también pueden percibir la radiación ultravioleta. Desde su punto de vista, los colores percibidos eran menos diversos que los de las plumas.

Huevo de halcón peregrino

Huevo de halcón peregrino

Para responder a la pregunta planteada antes, usaron un modelo por ordenador para mezclar los colores de los pigmentos presentes de manera que pudiera producir el espectro de color que muestran los huevos. 

Para esta tarea necesitaban comenzar con dos muestras donde solo estuviera presente un pigmento y otra donde estuvieran ausentes. 

Las primeras dos muestras eran de un mirlo primavera (Turdus migratorius) y un halcón peregrino (Falco peregrinus), de color azul y marrón, respectivamente. La tercera muestra era de un fulmar boreal (Fulmarus glacialis), de color blanco. Al mezclar el blanco con distintos niveles de ambos pigmentos, se observó todo el abanico de colores y patrones.

Huevo de mirlo primavera
Huevo de mirlo primavera

Ahora, una vez más surge una nueva pregunta. ¿Por qué o para qué? Hay distintas explicaciones. En el siglo XIX se defendían dos hipótesis: la protección del embrión de la radiación peligrosa o como camuflaje. La primera fue la que cosechó más aceptación. 

A diferencia de los reptiles, cuyos huevos suelen ser blancos, las aves no entierran sus huevos, estando en contacto con los padres y con la luz solar. Los talégalos (Megapodiidae) son una excepción, ya que los entierra en la cálida tierra volcánica. Sin embargo, para el resto de las aves, la luz les llega con intensidades variables según su hábitat natural y, además, los periodos de incubación no son los mismos, aumentando la exposición con el tiempo, por lo que la coloración sería una protección para evitar las mutaciones.

Podría parecer que aquí se acaba todo, pero una vez más provocó más dudas y, con ello, más hipótesis:

La primera es la hipótesis de la termorregulación, en la que, como su propio nombre indica, se regularía la temperatura del interior del huevo. Esto se debe a que la calcita no bloquea los rayos UV-B que son letales para el embrión. A diferencia de los huevos marrones, que son los que los bloquean más eficazmente. Esta es una protección vital especialmente cuando el grosor de la cáscara es muy fino. 

La hipótesis de la radiación UV-B es independiente de la anterior. No se centra en el aumento de la temperatura, sino el daño que puede hacer al ADN.
La hipótesis de la fotoaceleración indica que la exposición a luz incandescente o fluorescente acelera el desarrollo embrionario. Esto permitiría que los últimos huevos, que normalmente son más claros, no permanezcan más tiempo en el nido que los primeros. 

Al no estar demasiado tiempo, se evita ser presa de un depredador ovívoro. 

Esta es una amenaza que sufren con más frecuencia los huevos verdes azulados. Por otra parte, la intensidad del color puede variar según la época, siendo más clara en temporadas lluviosas, cuando se recibe menos luz.
La hipótesis de la asimetría funcional y lateralización, aquellos aves que eclosionan de huevos que han estados expuestos a la luz muestran lateralización (si no sabes lo que es, determina si se es diestro o zurdo, aunque no está restringido a las manos) y realizan mejor algunas tareas. 

Aunque esta hipótesis solo se ha estudiado con huevos blancos y marrones de gallina.

La hipótesis de los ritmos circadianos dice que el color del huevo influye en la luz que recibe para instaurar los ritmos circadianos.

La reparación del ADN por foto-reactivación añade que la luz UV-A es vital en la reparación del ADN dañado por la radiación UV-B. Como en hipótesis anteriores, la coloración serviría de filtro para los UV-B.

Por último, la hipótesis de la defensa microbiana propone que la pigmentación permite regular la exposición a ultravioletas que matan a bacterias y hongos, controlan la actividad antimicrobiana fotodinámica y mantienen la cáscara seca y a temperatura constante.

A estas se le podrían sumar hipótesis adicionales que ya no dependen de la acción de la luz sobre el huevo, sino del comportamiento de los individuos adultos respecto a su tonalidad. 

El color podría servir como señal para determinar la salud de la hembra. Por ejemplo, en las hembras jóvenes, especialmente en aquellas que ponen huevos verdes o azules, el color de sus huevos son más oscuros que en las hembras mayores. Además, se ha observado que los machos los observan durante el periodo de anidación.

En general, el color del huevo viene determinado genéticamente, dando lugar a ligeras variaciones. 

La presencia de una pigmentación u otra, así como otras características del huevo, probablemente haya servido para adaptarse al medio y favorecer el desarrollo del embrión y la eclosión del mayor número de crías.

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