Primeros autores ,fueron mujeres

Primer autor de la historia fue mujer
¿Sabías que los primeros autores de la historia fueron autoras?

Cuando hablamos de literatura, de primeras o fundacionales obras que inauguraron géneros como la poesía, el teatro o la novelística, tendemos a pensar en escritores, en hombres.

Inclusive, al tratarse de célebres libros de leyes, el Código de Hammurabi es el que se nos viene a la cabeza.

En el Creciente Fértil, cuna de civilizaciones, Sargón I de Acad creó el Imperio Acadio que gobernaría durante 5 generaciones, 141 años, desde el 2334 a.C. hasta el 2192 a.C.


Su hija, Enheduanna, ostentó el cargo de sacerdotisa En, que ocuparían las hijas de los gobernantes mesopotámicos hasta el siglo VII a.C. 

Era la suma sacerdotisa del dios lunar Sin, a quienes los antiguos sumerios llamaban Nanna.

No solo fue una de las primeras mujeres conocidas de la historia, sino que además se convirtió en la primera autora cuyo nombre se conoce y la única mujer entre los grandes autores de la literatura mesopotámica.

El arte siempre ha existido, si lo entendemos como una forma de comunicación y transmisión de sentimientos. 

Las pinturas rupestres, hechas en la edad más primitiva y oscura de nuestra prehistoria, dan muestra de ello. 

¿Pero acaso sabemos quién las hizo? ¿O quién diseñó las magníficas ciudades de la antigüedad?

La primera autoría

En Sumer comenzó la historia, así es. Pero también, y es un dato importantísimo, se dio el hecho de la correspondencia entre una obra de arte y quien la hizo, por primera vez. Y era mujer, ésta es la parte más curiosa e interesante del caso.

Antes de Enheduanna existía el arte, por supuesto, pero con ella se inaugura la autoría.

De gran linaje

Enheduanna era aristócrata y tenía un alto cargo en el imperio. Fue hija de Sargón I de Acadia, a quien se le da el mérito de unificar las ciudades-estado de la Alta y la Baja Mesopotamia en un solo imperio. En la batalla de Uruk, aproximadamente en el año 2271 a.C., Sargón venció las últimas resistencias y desde ese momento controló una enorme región, desde el Mediterráneo hasta el Mar Rojo, hasta el día de su muerte, que ocurrió en el 2215 a.C.

Pero antes, a una de sus hijas, Enheduanna, la nombró Sacerdotisa del Dios-Luna Nanna, conocido también como Sin, en la ciudad de Ur.

Ur era una de las ciudades más importantes de Sumer, al sur de Mesopotamia, y precisamente allí estaba uno de los principales santuarios de Nanna-Sin.

Las funciones de esta notable mujer eran, entonces, tanto políticas como religiosas, y seguramente fue extraordinariamente hábil en desempeñarlas, pues a raíz de su muerte el cargo se institucionalizó. Después de ella, lo ostentaron las hijas de la familia real.

Su propio nombre puede traducirse como “suma sacerdotisa adorno del dios”. Y un dato supercurioso: ella vivió tan solo 300 años después de que se desarrollara la escritura en Sumer.

Su existencia histórica está probada por el hallazgo de un disco de alabastro encontrado en el área más secreta del templo de Nanna en Ur.


La pasión de Enheduanna

Si bien era la sacerdotisa del dios Nanna, su pasión y por quien sentía una verdadera devoción era la hija del dios, Inanna, la diosa de la guerra y del amor, la adolescente rebelde del panteón de la época. Algunos historiadores la asocian a la más nueva diosa Ishtar, a la Afrodita griega y a la Astarté fenicia.

Inanna no sólo reinaba en el amor y en la guerra sino también sobre las reglas de conducta, los “Me”, sobre esas normas necesarias para la civilización humana (que robó al dios Enki tras emborracharlo): los oficios de la agricultura, la herrería y la escritura, las dignidades de los sacerdotes, los descensos y ascensos hacia el inframundo o la incidencia del diluvio.

Inanna era una diosa fuerte que ayudaba a los humanos, robándoles el conocimiento a los otros dioses para dárselos a la humanidad.

La literatura de Enheduanna

Como es natural suponer por su cargo, el tema más recurrente en esta escritora era el religioso, componiendo numerosos poemas y cantos o himnos en honor a los dioses, y directamente dirigidos a Inanna.

De sus himnos se conservan 42, en los cuales se aprecia la exaltación de diversos templos en ciudades de Acadia y Sumer, como Eridu, Sipar y Esnunna; y se han recuperado 37 tablillas procedentes de Ur y Nippur, lo que demuestra su uso histórico en las devociones posteriores. Esta colección es conocida como “Los himnos de los templos sumerios”.

Uno de sus himnos conservados, llamado “Exaltación de Inanna”, no sólo está dedicado a la diosa sino que es una narración de su propia expulsión de Ur y su regreso posterior y triunfal a la misma ciudad, pues ocurrió que una revuelta sacó del poder a su sobrino Rimush (quien sucedió en el trono a Sargón) expulsando a todo el gobierno tras saquear las ciudades. Una vez dominada la insurrección, Enheduanna fue reinstaurada en su cargo.


La primera escritora y la primera mujer conocida

El caso de Enheduanna es doblemente curioso: porque antes de ella no hubo autores a los que se les adjudicara alguna obra, y porque fue la primera mujer cuyo nombre se conoce.

Ese hecho ha llevado a los historiadores de la antigüedad a replantearse el tema de la educación femenina en Mesopotamia. Es evidente que las mujeres gozaban de derechos que no recuperaron hasta entrado el siglo XX, eran dueñas de su dote y de las riquezas obtenidas con ella, podían dejar testamento y heredar, estudiar y trabajar sin el permiso del marido.

Es claro que solamente en una sociedad de tales características pudiera surgir una figura como Enheduanna. Además, los especialistas en literatura mesopotámica indican que un 80% de la poesía encontrada parece escrita por mujeres…

Queremos darte una pequeña muestra de la calidad poética de esta mujer, con un fragmento de su “Exaltación de Inanna”:

Reina de todos los poderes concedidos

Desvelada cual clara luz

Mujer infalible vestida de brillo

cielo y tierra son tu abrigo

Eres la elegida y santificada, Oh tú

Grandiosa por tus galas

Te coronas con tu bondad amada

Suma sacerdotisa, eres justa

Tus manos se aferran a los siete poderes fijos

Mi reina, la de las fuerzas fundamentales

Guardiana de los orígenes cósmicos esenciales

Tu exaltas los elementos

Átalos a tus manos

Reúne en tí los poderes

Aprisiónalos en tu pecho

Escupes cual depravado dragón

Con tu veneno llenas la tierra

Aullas como el dios de la tormenta

Cual semilla languideces en el suelo

Eres río henchido que se precipita bajo la montaña

Eres Inanna

Suprema en el cielo y la tierra.


Bajo su autoría se encuentran 42 himnos religiosos, entre ellos himnos a Sin y a Ishtar. Ya ella afirmaba que era algo que "nadie ha creado antes". 

Otro de ellos dice así:

Lamento al espíritu de la guerra

Lo destruyes todo en la batalla...

Dios de la Guerra, con tus alas feroces

rebanas la tierra y cargas

disfrazado como una furiosa tormenta,

gruñendo como un huracán rugiente,

gritando como una tempestad,

trueno, ira, estruendo, y tambor,

¡expulsa los malos vientos!

¡Tus pies están enchidos de anxiedad!

En tu lira de lamentos

Oigo en alto tu canto fúnebre.

Como un feroz monstruo llenas la tierra con ponzoña.

Como el trueno ruges sobre la tierra,

árboles y arbustos se derrumban ante ti.

Tú eres sangre descendiendo por una montaña,

espíritu de odio, codicia e ira

dominador del cielo y tierra!

Tu fuego se eleva sobre nuestra tierra,

cabalgando en una bestia

con ordenes indomables,

decides todo destino.

Triunfas sobre todos nuestros ritos.

¿Quién puede explicar por qué sigues así?

Enheduanna también participó en algún tipo de agitación política durante el reinado de su hermano, por lo que fue expulsada, aunque terminó recuperando su posición de suma sacerdotisa. Tras su muerte, fue recordada hasta alcanzar un rango semi-divino.

Su obra y su actividad son un reflejo de la posición de la mujer en la sociedad mesopotámica durante el imperio acadio.

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