Caracal, el gato volador

Caracal, el gato volador
Caracal, el verdadero gato volador.

Cuando se mencionan los felinos salvajes generalmente acuden a nuestra mente imágenes de leones, tigres de bengala, leopardos o jaguares americanos. 

Cuando nos hablan de felinos domésticos pensamos de inmediato en los pequeños gatos perezosos que se estiran sobre nuestros muebles; pero existe otro felino silvestre que ha actuado como animal doméstico al servicio de los seres humanos en diversos tiempos y culturas: el caracal.

¿Cómo es este hermoso animal?

El caracal es un felino de tamaño mediano, de unos 60 centímetros de alto y hasta 1.20 metros de largo, con todo y cola, se lo conoce también como lince africano por su parecido con este pariente más bien lejano, viene a ser más cercano al serval, otro pequeño felino africano con el que incluso puede llegar a cruzarse (produciendo un “caraval”, o un “servical”).

Se encuentra distribuido en Asia y África en varias subespecies, de las cuales sólo una está en peligro de extinción (el caracal de Asia Central) y suele cazar animales pequeños, como liebres, roedores, damanes (ungulados parecidos a roedores), ganadería menor –lo que lo convierte en blanco de pastores de cabras y ovejas– y diversas aves.

¿Qué lo hace notable?

En primer lugar, su apariencia: el caracal tiene un mechón de pelos que le crece en la punta de cada oreja y cuya utilidad y función aún se desconoce, aunque haya un par de teorías al respecto.

Caracal, el gato volador

Algunos zoólogos opinan que estos penachos les sirven como antena y mejoran su sentido auditivo; otros creen que se trata de un artilugio para distraer a las presas, similar al uso que hacen los gatos domésticos de sus colas. Puede mover de forma independiente cada oreja, volviendo a este animal realmente notable.


El “gato volador”

Hay registros históricos de Persia, la India y Egipto sobre el adiestramiento del caracal como animal de caza, usado especialmente en la cacería de aves. El caracal puede quintuplicar su altura en un salto (tres metros), pero no es esto lo que más impresiona, sino su habilidad en el aire para herir y matar más de una presa.

Tanto es así que se usaba en juegos de azar, soltándole palomas y apostando cuántas mataría en un solo salto. Se dice que un animal bien entrenado podía matar más de diez.

Es probable que su uso como animal de presa haya tenido que ver más con la admiración que los humanos han sentido desde siempre por la velocidad y agilidad de los felinos que por su eficiencia como cazador, y es por ello que los caracales siguen entre nosotros, corriendo y saltando entre dos mundos. Afortunadamente para todos.

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