La historia de Jeffrey Hudson

La historia de Jeffrey Hudson
La curiosa y triste historia del enano “Lord Minimus”

Su nombre era Jeffrey Hudson, y a pesar de no alcanzar ni al metro de altura, “Lord Minimus” no solo es conocido por llegar a formar parte de la corte real británica, sino por llevar una vida tan o más apasionante que cualquier héroe de novela que te venga a la mente.

Puedes encontrar libros en inglés que cuentan sus gestas, puesto que el señor mínimussigue siendo a día de hoy, el hombre más pequeño de la historia de Reino Unido, y esa figura de referencia que luchó en la primera Guerra Civil inglesa, y que, como todo héroe que se precie, fue enterrado en una tumba anónima para quedar durante mucho tiempo en el más triste de los olvidos.

No obstante, queremos recuperar la historia de Lord Mínimus para ti. ¿Nos acompañas?

La extraordinaria historia de Jeffrey Hudson

Jeffrey nació a principios del siglo XVII. Era hijo de los guarderos del conde de Buckingham y su nacimiento fue toda una sorpresa.



Sus pequeñas piernas arqueadas le hicieron temer a sus padres que jamás podría valerse por sí mismo y que el trabajo en la granja real sería algo que nunca podría llevar a cabo. Ahora bien, a medida que Jeffrey cumplía años, ganaba en presteza, vivacidad y sobre todo en ingenio.

A los 7 años la Duquesa de Buckingham se “encaprichó” de él y quiso tenerlo en la corte para verlo cada día. Era tan singular, divertido y descarado que quiso que formara parte de la familia de la noche a la mañana. Sus padres, no pusieron objeción alguna.

No obstante, el mayor cambio en su vida llegó cuando el rey Carlos I y la reina Enriqueta María de Francia, fueron a cenar una noche al castillo de los condes de Buckingham. En el postre, se presentó un gran pastel en la mesa, del que emergió a modo de sorpresa final el propio Jeffrey vestido con una armadura. Medía 46 centímetros y la reina, también quedó prendada del niño. Así que la duquesa de Buckingham, no tuvo más remedio que desprenderse de él y “regalárselo”. Sabemos obviamente, la falta de ética y humanidad que trasciende en estos actos, pero era el comportamiento habitual de la época y en estas élites de la sociedad tan frívolas como impersonales.

¿Cómo transcurrieron los siguientes años en la vida de Jeffrey? Lo que vino después fue algo esperpéntico. Jeffrey formaba parte del palacio de curiosidades de la reina, junto a dos enanas más, un mono y otros animales salvajes domesticados. Se le utilizaba como diversión en las fiestas y como “juguete” humano que salía de vez en cuando a prepararle algún sandwich para la reina.

La historia de Jeffrey Hudson

Estamos seguros que Jeffrey soñaba con salir de allí, con escapar, así que lo más probable es que su corazón se emocionara cuando la reina quedó embarazada y tuvo el firme propósito de volver a su país para dar a luz, a Francia. Y por su puesto, no iba a dejarse a su “juguete” favorito. Nuestro protagonista.

Durante este viaje en barco fueron asaltados por los piratas, el barco fue saqueado y a punto estuvieron de quedarse con Jeffrey como trofeo curioso, pero afortunadamente, la reina pagó por su rescate y pudo tenerlo de vuelta. Tal vez la idea de perderlo humanizó por fin su corazón, y la hizo entrar en razón para ver a Jeffrey como un ser humano, como una persona a la que cuidar y respetar. Y así fue, le dio una correctísima educación hasta que cumplió los 18 años. Sabía montar, recitar poemas, y a valerse como un soldado.

Con la llegada de la primera Guerra Civil (1642-1645), la reina nombró a Jeffrey Capitán de caballería. Puede que estés sonriendo ahora mismo, pero la verdad es que no se disponen de documentos que contradigan el hecho de que “Lord Mínimus”, entrara de verdad en combate. Parece ser que sí y que salió airoso.

La vida de Jeffrey a raíz de la guerra fue volviéndose un poco más independiente a la vez que complicada. Puesto que había ganado en posición social pensó que era el momento de librarse de la vida de la corte, y por ello, empezó a comportarse de un modo desafiante. Se batió en duelos, llegando a matar a un noble: a William Croft. Una afrenta que le valió un juicio y la condena a muerte, aunque una vez más, el cariño sincero de la reina lo pudo salvar de la horca.

A partir de aquí la vida de nuestro protagonista fue todo un carrusel de altibajos e increíbles aventuras. Se fue a África, pero debido a su físico fue capturado nuevamente como esclavo, pasando por el continente cerca de 25 años de penurias y altibajos, hasta que en 1669, pudo volver a Inglaterra después de que se pagara su rescate junto a otros británicos que estaban prisioneros en el continente. Un cuarto de vida de ausencia que lo cambió por dentro.

La corte le ofreció una renta mensual con la que vivir, pero después de volver de África su corazón era un poco más oscuro, con resentimiento y mucha apatía. Los últimos años los pasó de pelea en pelea defendiendo ante todo su religión católica frente a los protestantes que cada día se metían con él, y con su tamaño.

El pequeño Lord Mínimus, como lo llamaban en las élites reales británicas, tuvo una vida larga, intensa y muy complicada, no se sabe cuál fue la causa de la muerte, pero se baraja que fue sobre 1682, y que fue enterrado en un cementerio para indigentes tal y como consta en un documento legal. Se le dió sepultura en una tumba anónima. Algo triste, y una historia que sin duda, merece ser conocida.

Fuente: https://supercurioso.com
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