Parásitos en la Unión Soviética

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Parásitos  en la Unión Soviética
Pregúntele a cualquier politólogo: un cambio de régimen tiene consecuencias impredecibles.

El vacío dejado tras el fin del liderazgo y la desorganización que le sigue, ya sea con alegría en el caso de una liberación o de miedo cuando es una tiranía, provoca un cambio inesperado. 

Para los estados de Asia central de la antigua Unión Soviética al principio de la década de 1990, entre esas secuelas estaba la aparición de un pequeño y terrorífico gusano que vio, en el colapso del monolítico centro neuralgico político, una gran oportunidad.

Poco después de la disolución de la Unión Soviética en 1991, los servicios médicos fueron engullidos en medio de una atmósfera de graves dificultades económicas. 

El derrumbe político y socio-económico precipitó, entre otros muchos cambios, el cese de los programas de control de infección canina y los servicios públicos de salud veterinaria. Los programas de control para desparasitar perros se disolvieron junto a la antigua república soviética, mientras la población de perros aumentó.

Pocas veces se considera el estado de la salud veterinario como un componente integral de la salud pública humana, pero los dos estás intimamente ligados: lo que infecta a los animales de granja, mascotas domésticas y aves de corral nos afecta también a nosotros, como nos han enseñado repetidamente los brotes de SARS, gripe porcina y virus del Nilo occidental.

El céstodo parasitario Echinococcus, que infecta a depredadores caninos, también sigue esta norma y se basa en la ancestral relación entre humanos y los perros pastores. 

Infecta a los cánidos, como los zorros, lobos y perros domésticos que se alimentan de los cadáveres de los herbívoros, como las ovejas o las vacas. Estos huespedes intermediarios portan al gusano en su forma de larva, que ha sido ingerido como huevos que han sido excretados previamente por otros cánidos, en un uróboro interminable, si lo desea, que traza el ciclo vital del céstodo.

Claramente los canidos hacen el trabajo sucio para estos céstodos, jugando un papel indispensable en su transmisión no solo a ovejas y otros animales, sino también a los humanos. 

Los humanos son infectados accidentalmente al consumir sus huevos, a veces por las verduras y el agua contaminadas por las heces. El parásito se deposita en los pulmones, hígado, y en definitiva, en cualquier órgano visceral del cuerpo humano.

Según la especie pueden presentarse distintas formas de la enfermedad. El E. granulosus provoca quistes y formas menos graves de equinococcosis, con un quiste que crece lentamente en los pulmones y el hígado. 

El E. multiloculares, normalmente asociado con animales salvajes y cazadores, es el más peligroso ya que causa equinococcosis alveolar: los quistes se forman por todo el cuerpo, con una metástasis agresiva, formando tumores parasitarios en en cuerpo. Es mucho menos común y mucho más letal. 

Esta es la especie que se está abriendo camino a través de Asia Central. La equinococosis es una enfermedad asociada a una alta morbilidad debido a la colonización de órganos vitales; la ruptura del quiste puede provocar un inmenso shock anafilactico y la muerte.

La epidemiología de la transmisión de la equinococosis es igual al ciclo vital del céstodo. 

La prevención de su transmisión a los humanos comienza tratando a los perros, y los programas de desparasitamiento son cruciales para mantener la buena salud pública, tanto para nosotros, desgarbados primates, como para nuestros fieles compañeros. 

El colapso de los programas de salud veterinaria en la antiguas repúblicas soviéticas en los 90 hizo estallar una ardiente tencendia de infecciones caninas tanto con E. granulosus como con E. multicolaris.

La prevalencia de infecciones en el ganado y los cánidos "es paralelo al aumento de la incidencia de la enfermedad humana". Cerca del 60% de las ovejas en Uzbekistan alojan el parásito y se informa de un aumento de la prevalencia en Kazajistan, Kirguistán y Tayikistán. De los humanos a las cabras, cerdos e incluso camellos, cualquier cosa con patas y sangre caliente corriendo por sus venas parece ser susceptible a este céstodo.

Distribución mundial aproximada de E. granulosus (en el 2002). La identificación exacta de las áreas con endemicidad alta o normal es difícil por la falta o insuficiencia de datos. Fuente: Johannes Eckert y Peter Deplazes.

Tan solo una década después de la caída del régimen soviético, la incidencia de la equinococosis cística se ha cuadriplicado en Asia central. 

En Kazajistán, han pasado de 200 casos a mediados de los 90 a mil casos anuales; el aspecto más negativo de la epidemia es el aumento proporcional de casos pediatricos del 20 al 32%. Se han registrado epidemias similares en Lituania, Tayikistán, Turmekistán y Uzbekistán.

La aumentada prevalencia de echinococcus en Kirguistán sirve como conmovedor ejemplo de como un parásito se incrustó en la estela de la caída soviética. Tanto allí como en China, los primeros casos de la forma pulmonar de E. multilocularis aparecieron en 1996 y han ido incrementandose desde entonces. 

El 65% de los zorros lo porta con algunos especímenes llevando miles de parásitos.

La población de perros se ha disparado y se informa de un gran número de ellos que se alimentan libremente de roedores, aumentando la probabilidad de transmitir la enfermedad a los humanos y otros animales. 

Un examen reciente evalúo el brote de equinococosis en Asia central destacando que "con el mayor número de perros y la pobreza rural generalizada, el E. multilocularis colonizó perros que eran forzados a cazas o buscar comida". La pobreza también puede ser una carga para nuestros amigos caninos.

Aunque el número de infecciones humanas en Kirguistán parece bajo - el número total de casos desde 1995 a 2011 está en torno a los 300 - un informe publicado el verano pasado por el las unidades de epidemiología gubernamentales llama a la situación como una epidemia emergente. Considerando la seria morbilidad causada por la enfemedad, cualquier número de infecciones es causa de preocupación.

La situación de la equinococosis en Kirguistán y sus países vecinos está intrinsecamente unida a la desintegración de la Unión Soviética y la consiguientes graves dificultades económicas y cambios socioeconómicos. 

El colapso de la Unión Soviética provocó cambios sorprendentes en su sistema de servicios sanitarios centralizado: un bajada súbita en la financiación, descentralización y fragmentación, la introducción de relaciones de mercado y las emergentes desigualdades económicas. 

Varias tendencias de salud produjeron: disminución de la esperanza de vida y natalidad, aumento de incidencia de enfermedades infecciosas, enfermedad cardiovascular, así como mortalidad infantil y maternal. Los programas sanitarios para animales domesticados también se perdieron por el camino.

Cuando la salud pública funciona, sus efectos están camuflados o son invisibles. La aparición de una enfermedad o desastre se materializa en su ausencia o defecto.

La equinococosis es un feo indicador de las secuelas persistentes de la disolución de la Unión Soviética. 

El efecto dominó empezó con una de las sacudidas socioeconómicas y políticas más grandes de la historia moderna, cuyos efectos aún resuenan como un lento desastre sanitario, y manifestandose como unos parásitos asentándose en los órganos del ganado, perros y humanos.

Los cambios en las técnicas de cría también han dado forma a esta epidemia postsoviética. La propagación de la equinococosis ha sido indudablemente influenciada por "la reorganización de la ganadería con la privatización de las grandes unidades pecuarias que han llevado al cierre de grandes unidades de procesamiento de carne y reducido la supervisión del procesamiento de carne por los servicios de salud públicos veterinarios". 

Con el cambio a la ganadería privatizada, el número de perros pastores ha aumentado, una situación propicia para el parásito en este nuevo paisaje social.

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