Adiós a los baobabs

Adiós a los baobabs
Adiós a los baobabs.

Los ejemplares más antiguos de baobabs están muriendo a lo largo de todo el África austral.

Hubo una vez un gran continente al que hemos llamado Gondwana que fue el producto de que Pangea se partiera en dos hace 200 millones de años.

Más tarde, Gondawana siguió fragmentándose y llego a formar lo que hoy llamamos Sudamérica, África, Antártida, India, Australia y Madagascar.

Hace unos 160 millones de años la isla de Madagascar empezó a separarse de África continental.

Y la flora y fauna de ambas masas continentales siguieron caminos evolutivos distintos, salvo por algún intercambio contingente.

Los antepasados de los árboles del género Adansonia aparecieron en alguno de estos lugares y puede que llegaran a otras costas.

A estos árboles los llamamos comúnmente baobabs.

Sólo hay ocho especies de baobabs, seis crecen en Madagascar, una crece en África continental (Adansonia digitata) y la última (Adansonia gibbosa) en Australia.

Esta última es muy similar a la Africana, pese a estar separadas por unos 100 millones de años.

Se cree que, posiblemente, alguna semilla llegó flotando en el mar desde África hasta la isla de los canguros.

Es fascinante ver y tocar uno de esto árboles tan imponentes.

El baobab es el árbol con flores más longevo y se calcula que puede llegar a vivir 3000 años.

Algunos de estos árboles pueden llegar a tener tal edad que se remontarían a los tiempos de la Grecia clásica.

Quizás algunos de los baobabs de la actualidad fueron vistos por los fenicios cuando se aprovisionaban en las costas africanas, o puede que incluso lo fueran en la supuesta circunnavegación de África auspiciada por el faraón Necao II que cuenta Herótodo.

La forma de botella del árbol es debido a que es capaz de almacenar agua para los periodos de sequía. Según la leyenda, este árbol, debido a su arrogancia, fue castigado por los dioses a estar boca abajo con las raíces expuestas al cielo.

Las semillas de baobabs sirven para alimentar a animales.

Adiós a los baobabs

Los seres humanos comen las semillas hervidas o las usan para hacer medicinas tradicionales.

Además, estos emplean la fibra de su corteza para diversos usos, como la confección de cestos, ropas o sombreros.

Algunos de estos árboles están huecos y han sido usados como cárceles, tiendas, casas, graneros o paradas de autobús.

El interior de un ejemplar de Zimbabwe puede acomodar a 40 personas.

Pero los ejemplares más longevos de baobabs han muerto en el continente africano en la última década sin que se sepa bien la causa.

Según los autores del estudio que ha descubierto este hecho, 9 de los 13 árboles más viejos han muerto en los últimos 12 años, en lo que representa un evento de una magnitud sin precedentes.

Entre 2005 y 2017 este grupo de investigadores catalogó y estudió más de 60 baobabs individuales, que son prácticamente todos los baobabs más antiguos de África austral y que estaban situados en Zimbabwe, Namibia, Sudáfrica, Botswana y Zambia.

Recordemos que estos árboles no son muy abundantes, ni forman bosques, sino que se pueden encontrar algunos ejemplares dispersos en algunas zonas de la sabana africana.

Recolectaron datos sobre la anchura, altura y volumen de madera de estos árboles.

También tomaron muestras de diferentes partes del tronco de estos árboles para datarlas por radiocarbono.

La idea del estudio era saber por qué estos árboles son tan grandes.

Adiós a los baobabs

Descubrieron que el tronco de estos árboles no crece desde un sólo núcleo o corazón, sino que lo hace desde múltiples núcleos o troncos.

Esto le proporciona una gran resistencia, pues le hace resistir incluso su quema parcial o la extracción de parte de su corteza.

En el transcurso del estudio descubrieron que la mayoría de los ejemplares más antiguos murieron durante este tiempo.

Cuando los baobabs mueren los hacen pudriéndose desde dentro hacia afuera y entonces el árbol simplemente colapsa.

Diez de los árboles estudiados murieron completamente, por lo que todo el sistema de tronco múltiple murió a la vez.

El ejemplar más antiguo era Panke tree, en Zimbabwe, y colapsó en 2011. Tenía una edad de 2500 años.

Al ejemplar mayor se le llamaba Holboom, en Namibia, y tenía una altura de 30 metros y un tronco con una circunferencia de 35 metros.

En las foto siguiente se puede ver al árbol Platland cuando estaba vivo:

Adiós a los baobabs

En esta se vé cómo quedo tras colapsar entre abril y noviembre de 2017:

Adiós a los baobabs

El más famoso era Chapman, que fue declarado monumento nacional en Botswana, por tener las iniciales del explorador David Livingstone grabadas en su tronco.

Se llama así porque fue visitado por el cazador y explorador James Chapman en 1852. Tenía una edad de sólo 1400 años.

Como se puede ver, se pierde también parte de nuestra memoria histórica colectiva y un tesoro cultural irreemplazable.

Estas muertes no están causadas por ninguna epidemia, pues los árboles no muestran señales de ninguna enfermedad.

Según los autores del estudio, la razón de estas muertes posiblemente se deba a las modificaciones de las condiciones climáticas que afectan al sur de África en particular debidas al cambio climático. 

Sostienen que se necesitaría ampliar la investigación para saber más sobre el problema.

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