Evolución en un siglo

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Evolución en un siglo
Oncorhynchus mykiss
Evolución en un siglo.

Una especie de trucha consigue adaptarse en sólo un siglo a la vida en agua dulce pese a ser de agua salada.

Aunque todos pensamos que los cambios evolutivos se pueden dar poco a poco a lo largo de miles o millones de años, algunos pueden darse muy rápidamente en térmicos de tiempo geológico.

Un ejemplo lo tenemos en una trucha (Oncorhynchus mykiss) emparentada con los salmones. 

En un siglo ha logrado adaptarse a vivir en agua dulce pese a ser de agua salada en origen. 

Esta trucha, a diferencia de la común, tiene cierta tolerancia por el agua dulce, pues, como los salmones, nace en los ríos a los que vuelven a desovar al final de su vida y pese a haber pasado toda la edad adulta en los océanos.

La trucha procede de las aguas marinas y saladas que bañan la costa de California y fue introducida en el lago Michigan como un juego por parte de unos pescadores a finales del siglo XIX. 

Al final, esta especie ha hecho del lago Michigan su hogar permanente, lo que no deja de ser una sorpresa.

Un estudio reciente revela que este pez ha desarrollado la genética necesaria que le permite permanentemente en agua dulce en sólo 100 años.

Según Michael Blouin (Oregon State University), este hallazgo demuestra que, a veces, los seres vivos pueden adaptarse muy rápidamente a un nuevo estilo de vida y que la evolución se puede darse en tiempos cortos.

Blouin, junto a Mark Christie y Janna Willoughby (Purdue University) secuenciaron los genomas de 264 ejemplares. Unas procedían del ambiente marino habitual del Océano Pacífico y otros fueron recolectadas en el lago Michigan entre 1983 y 1998. 

La comparación de los genomas les permitió reconstruir la lucha por la adaptación que sufrió este pez.

Posiblemente, los primeros ejemplares en ser introducidos murieron en su mayoría, pero los pocos que sobrevivieron lograron adaptarse. Entre 1983 y 1998 su población empezó a crecer y diversificarse.

Hay tres regiones del genoma que son diferentes en las modernas truchas del lago respecto a las del Pacífico. 

Dos de ellas contienen genes críticos para mantener la presión osmótica en el interior del cuerpo de estos peces. Para mover los iones en las direcciones opuestas a las que esta presión osmótica obliga son necesarios diferentes variaciones de estos genes. 

La tercera región parece afectar al sistema de curación de la heridas y puede que esto sea para recuperarse del ataque de las lampreas parásitas que tanto abundan en agua dulce.

Lo que no se sabe bien es cómo pudo esta especie evolucionar tan rápido. Seguro que no se debió a la hibridación con la trucha arcoiris común de agua dulce, lo que le hubiera proporcionado esos genes, por lo que no necesitarían ni mutar. 

Los autores sugieren que, en su lugar, posiblemente algunas de las truchas introducidas ya tenían las versiones adecuadas de estos genes y simplemente sobrevivieron y se reprodujeron mejor que las demás, mientras que las menos adaptadas fueron desapareciendo.

Un caso similar es el de una especie de la familia de los peces espinosos (Gasterosteidae) que también ha realizado la transición de agua salada a dulce y que ha experimentado los mismos cambios genéticos.

Obviamente se necesita más investigación para saber los detalles de esta evolución tan rápida y sorprendente y para saber cómo se dio exactamente.

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