¿Somos unos padres tóxicos?

Somos unos padres tóxicos
¿Cómo saber si somos unos padres tóxicos?

Padres tóxicos...

Lo creamos no no este tipo de educación, de crianza y de relación generacional es más común de lo que pensamos. 

Es frecuente que se hable casi siempre de “madres tóxicas”, pero también los padres pueden ejercer esta influencia a través de conductas donde día tras día, se veta el crecimiento personal de sus hijos a través de prohibiciones e incluso mediante el autoritarismo.

Veámoslo con más detalle, puesto que lo curioso de estos casos es que uno tarda un poco en darse cuenta de que lo que vive o ha vivido es un tipo de educación basado en la sobreprotección, donde el amor se confunde con posesión, y por tanto en infelicidad de los hijos.

Características de los padres tóxicos

La educación tóxica se da en todas las familias, pero en especial en las de los países más desarrollados, ahí donde de algún modo, se impide o se retrasa la entrada de los hijos a esa independencia social que demanda la modernidad. 

En ocasiones, se dan al mundo auténticos “niños burbuja” que temen abrirse a la sociedad, a ser autónomos y a disfrutar de sus identidades, de su plenitud personal.

Los padres tóxicos suelen tener establecido y pensado de antemano cuál va a ser el futuro de sus hijos. 

Es común que orienten a sus niños en aquello que ellos mismos fracasaron, o que les complace, sin tener en cuenta las elecciones personales de los hijos.

En ocasiones, a pesar de que los hijos lleguen a hacer aquello que desearon para ellos, como puede ser estudiar una determinada carrera, rara vez se ven complacidos.

“Siempre hay algo que falla”, es un manera de mantener el vínculo, de seguir “esclavizando” a sus hijos para que les hagan felices. 

Algo que casi nunca ocurre.

Cualquier acto de independencia, lo ven con malos ojos. 

Una salida de fin de semana, el apuntarse a una actividad extraescolar, hacer un viaje… 

Todo lo ven de forma negativa porque supone salir de la zona de confort, de “su área de poder y dominio”.

Algo que ven con desagrado es el hecho de que los hijos tengan pareja. 

Es una forma directa de romper el vinculo con los padres tóxicos, algo que ven con molestia y estrés. 

Siempre encontrarán algún defecto e intentarán convencernos de que no son adecuados para nosotros.

Los padres tóxicos ejercen su poder de diversas formas. 

Pueden por ejemplo usar el papel de víctimas, haciéndonos sentir culpables por cualquier cosa: por irnos de casa, por estudiar esto y no lo otro, por hacer aquello.

De algún modo, la única forma de estar bien con ellos es cediendo en todo. Estando a su lado.

La otra forma en que pueden ejercer el control sobre los hijos es a través del chantaje o el autoritarismo. 

En este caso las necesidades de los niños son secundarias, siempre se debe hacer lo que el padre o la madre tóxica indica.

El tener voz propia, el tener unos gustos o unos valores diferentes a nuestros padres, es en estos casos algo muy negativo. 

La toxicidad exige que los hijos, sean esos satélites que giran de forma exclusiva alrededor de los padres, ahí donde no debe haber ninguna variación.

De seguir “en las órbitas” de los padres tóxicos, la vida puede convertirse en un abismo de inseguridad y sentimientos contrapuestos. 

Nos sentimos culpables por hacer cosas que deseamos y tememos siempre contradecirlos o hacerlos enfadar. 

No obstante, debemos recordar siempre que la auténtica vida acontece más allá de la zona de confort. 

Las personas necesitamos tener nuestra identidad y para ello, nadie será egoísta por priorizarse, defenderse y encontrar su propia felicidad más allá de los padres tóxicos.

Y ahora dinos… ¿Conoces algún caso así? ¿Tienes tú un padre o una madre tóxica?
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