Aguja colipinta, el ave más resistente

Aguja colipinta, el ave más resistente
El ave más resistente que hayas conocido.

A primera vista no tiene nada extraordinario.

No tiene colores bonitos, sino que tiene colores muy típicos, blanco, gris y marrón moteado.

Cuando lo ves piensas "otro pájaro costero más, picoteando algo en el agua". Pero estás muy equivocado.

La aguja colipinta es especial. Tan especial que merece una mención especial.

Son las únicas aves que se conocen que vuelan más de 12.000 kilómetros sin pausa, lo que significa que no descansan para alimentarse, beber o dormir, sin pausa, pasando a través de ciclones, tormentas, vientos en contra, volando y volando durante días y noches.

En septiembre y octubre, dejan Alaska, directo al océano. 

Debido a que son aves terrestres, no pueden pescar o descansar, cruzarán casi todo el océano Pacífico, y volarán todo el camino a Nueva Zelanda. Muchos son jóvenes y nunca han hecho antes esto.

Ningún ave puede hacer lo mismo, y lo están haciendo ahora mismo.

Aguja colipinta, el ave más resistente

Mientras lees esto, un grupo de agujas colipintas o kuakas, como se les llama en Nueva Zelanda, están saliendo del oeste de Alaska, comiendo una rica mezcla de almejas, gusanos, semillas y bayas.

Comen mucho, el doble de su peso corporal. Para hacerlo posible, sus intestinos y molleja, no necesarios para volar, se contraen para hacer más espacio para la grasa.

Luego esperan. Lo que buscan es un buen viento que les ayude a ir al sur. Esta época del año, en el delta Yukon-Kuskokwin en Alaska, el tiempo a menudo les obliga.

De acuerdo al biólogo de vida silvestre Bob Gill y sus compañeros del Instituto de Ciencias Geológicas de EE.UU., entre finales de agosto y principios de noviembre, "de dos a cinco ciclones pasan por el Golfo de Alaska cada mes generando vientos que son favorables para el viaje al sur". 

Aguja colipinta, el ave más resistente

Por lo que cuando un sistema de tormentas se cruza en su camino, de alguna manera saben cuando tienen que marcharse, y se ponen en marcha, ascendiendo al cielo, viajando en el viento, que los mantiene en movimiento a una velocidad media de 56 km/h, con tormentas, ráfagas de viento y ciclones que los impulsan al sur.

Los vientos del Pacífico cambian constantemente; tanto a favor como en contra. Una vez llegan a la mitad del recorrido, disminuye el viento y el ave tiene que dirigirse al sur sin ayuda.

En ello pierden la mitad de su peso corporal mientras vuelan, duermen y alternando la parte del cerebro que desactivan. Pasado el ecuador, se encuentran con los vientos del sureste, que es el equivalente a subir a una cuesta empinada, desplazándolos al oeste.

Nadie sabe como lo hacen, ya que la mayoría no ha estado en el hemisferio sur, no conocen las estrellas del sur. Una hembra, llamada E7, porque era el código del transmisor por radio, es la actual campeona: voló 11.680 kilómetros en 8,1 días, sin parar.

Hay 70.000 de ellos, pero parecen estar perdiendo miembros.

El regreso al norte en primavera se hace yendo al oeste, a Asia, donde paran y se alimentan. En esta parte del mundo se están drenando los humedales, complicándoles hacer una última parada antes de volver a Alaska.

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