Hábitos que pueden arruinar tu dentadura

Hábitos que pueden arruinar tu dentadura
Los alimentos y hábitos que pueden arruinar tu dentadura sin que te des cuenta.

Se respira en el ambiente una especie de obsesión por la estética dental. Personas adictas al hilo dental, gente que sufre blancorexia –adicción al blanqueamiento dental– y otras que se cepillan los dientes diez veces al día. Sin embargo, pocas son capaces de identificar esos sorprendentes alimentos que pueden poner en peligro sus piezas dentales.

Lo peor del asunto es que esa especie de destrucción se produce de forma secreta y silenciosa.

«Es el día a día que vivimos en nuestra consulta: dientes desgastados, caries en los cuellos dentarios, pacientes con hipersensibilidad dental y otros que acuden con fracturas dentarias de diversa gravedad que requieren desde un simple empaste hasta una corona o, en las ocasiones más graves, la extracción y sustitución por un implante dental», asegura la odontóloga Daniela Carranza.

Algunos de esos alimentos incluyen productos tan saludables a priori como la fruta.

Se cree que los zumos naturales de ciertas frutas como el pomelo o la naranja, al igual que las bebidas con edulcorantes artificiales, aumentan notablemente las tasas de erosión dental ya que alguna fruta, en particular los cítricos, contiene altos niveles de ácido.

Y mejor no hablar de los zumos envasados, repletos de azúcares añadidos que son el caldo de cultivo perfecto para la caries.

El desgaste de los dientes ya no es un simple achaque de la edad. Afecta por igual a jóvenes y adultos y lo peor es que, a veces, cuesta bastante detectar el problema.


Es una realidad: algunas características o componentes de ciertos alimentos logran comerse el esmalte (compuesto, en su mayor parte, por sales de calcio) hasta llegar a la dentina, produciendo sensibilidad (que luego podría derivar en otras patologías más serias).

Volviendo a los alimentos poco bondadosos, lo ideal sería no abusar de las frutas que son muy ácidas y combinarlas, en la medida de lo posible, con otras menos ácidas como el melón, la sandía, el plátano o el melocotón. Y si se desea beber zumo de frutas o tomar otros alimentos ácidos, la British Dental Health Foundation recomienda que se «intente comer algo alcalino como queso o leche después, ya que esto puede neutralizar los efectos ácidos del azúcar en la boca».

Tampoco parecen buenas aliadas las bebidas gaseosas –la principal fuente de azúcar agregada entre niños y adolescentes–. Ese tipo de bebidas están cargadas de azúcar y, además, suelen contener ácidos fosfóricos y cítricos que provocan un descenso en el pH de la boca y aceleran el desgaste del esmalte dental.

Y cuidadito con esos platos de pasta o arroz a los que, a veces, uno les pone cantidades ingentes de salsa de tomate frito. «Tomados en exceso, los alimentos enlatados tipo tomate frito o kétchup son nocivos ya que tienen un alto contenido en azúcares favorecedores de la caries dental», precisa Carranza, que recomienda «que las salsas que consumamos sean lo más naturales posibles».

Para los fans del vino, también es desaconsejable la costumbre de tomar un buche de la copa y arremolinarlo alrededor de la boca para probar bien su sabor. Con eso, lo único que se consigue es que los dientes se cubran de ácido (algo que puede llegar a pudrirlos). Como en todo, algunos vinos son más fastidiosos que otros. El vino blanco, por ejemplo, es más ácido que el rojo. Y los espumosos, como el prosecco, son aún peores, porque el gas que contienen actúa también como un ácido.

¿Y las bebidas calientes como el té? La nueva bebida de moda no solo mancha los dientes, sino que también podría llegar a pudrirlos. Además, algunas otras como el café, que contiene mucha cafeína, hacen que también se reseque la boca y uno sea más susceptible a la caries dental. Cabe señalar que el tanino –sustancia química presente, entre otros, en té, café, espinas y vino tinto– es un agente de tinción mucho más potente que la cafeína.

Pero prudencia y que no cunda el pánico. Uno tiene que beber mucho café negro (algo así como cinco o seis tazas al día) para llegar a mancharse los dientes. Y, en cualquier caso, la tinción del café es bastante superficial –afectando solo a lo que conocemos como biopelícula dental, una fina capa de bacterias que cubre los dientes y las encías y no llega a penetrar a través del esmalte mismo–.

Mención aparte merecen ciertos hábitos como el de chupar o morder cubitos de hielo. No es asunto baladí: la fragilidad y las bajas temperaturas de los cubitos de hielo pueden causar la fractura o fisura de los dientes. Lo más fácil es que esa acción acabe causando problemas de sensibilidad dental, y que pueda producir grietas microscópicas en la superficie del esmalte (lo que podría ocasionar problemas dentales más grandes con el tiempo).

Lo mismo ocurre con las adictivas palomitas de maíz, que suelen contener granos duros que uno puede morder accidentalmente, causándose una fractura dental sin apenas darse cuenta.

«Pasa algo similar con las aceitunas con hueso, los famosos quicos, etc. En general, cualquier alimento duro puede favorecer la fractura del diente llegando incluso, si esta afecta a la raíz, a requerir la extracción dental. No se trata de que sean muy duros. A veces, una mala mordida es suficiente», matiza Carranza, directora de la clínica Pelegrina&Co.

La odontóloga recuerda también que otro de los (malos) hábitos extendidos es el de beber zumo de limón, chuparlo o frotarlo para intentar blanquear los dientes: «Todo esto es nocivo para el esmalte y, además, no lo blanquea, sino que lo destruye».

¿Estamos, al menos, a salvo de todo esto con ese elemento indispensable para la vida conocido como agua? De la mineral, sí. Del agua con gas, no tanto.

Así que los dentistas aconsejan a aquellas personas incapaces de resistirse a esta última (que contiene ácido carbónico) que intenten bebérsela rápidamente, en varios tragos, en lugar de tomarla poco a poco a lo largo de todo un día (o, al menos, hacerlo con una pajita). Esta parece la única manera de ahorrarle a la dentadura parte del ataque ácido en el esmalte.

«Solo se necesita una semana para que un diente extraído colocado en un vaso de Coca-Cola se convierta en una masa gelatinosa», aseguran desde la British Dental Health Foundation en una entrevista digital. «No llevaría mucho más tiempo que le pasase lo mismo a un diente bañado en agua con gas».

Fuente: https://www.yorokobu.es
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