La Madre Tierra en culturas antiguas

Madre Tierra en culturas antiguas
El mito de Gea, nuestra Madre Tierra

Diversos nombres ha tenido desde que tenemos consciencia como especie humana.

Nombres y poderes, pues varias divinidades se reparten sus aspectos primordiales.

Sus representaciones muestran a una mujer ancha, de pechos generosos y caderas capaces de dar vida a muchos hijos, figuras que salpican prados, montañas, piedras y museos de todo el mundo, como revelan las numerosas estatuillas, grabados y monumentos encontrados.

La diosa Gea, griega y universal

Es uno de los relatos mitológicos de la creación del mundo más emblemáticos de la cultura occidental. Está lleno de figuras arquetipales y de imágenes que recuerdan el incesto, la muerte del padre y la madre como fuente de sabiduría y salvación, pero también figura poderosa, terrible y temible.

La mitología griega, en la voz de Hesíodo, nos narra el surgimiento de Gea, “la de amplio pecho”, después del Caos. Ella misma procreó a Urano (el cielo) y a Ponto (el mar), hijos y consortes.

De su unión con Urano dio a luz a los titanes, siendo el más importante el menor, Cronos, y a las titánides, de las cuales Tetis fue la madre de Aquiles. También nacieron de ella los cíclopes, los gigantes de un solo ojo, llamados Brontes (el que truena), Estéropes (el que da el rayo) y Arges (el que brilla). Fueron suyos otros hijos, tres terribles hijos “de cien manos de la Tierra y el Cielo”, los hecatónquiros, y las musas mayores: Aedea, Meletea y Mnemea.

El mito nos narra que Urano, convertido en un dios de gran maldad, encerró a los cíclopes y a los hecatónquiros, sus propios hijos, en el Tártaro, que era el vientre de Gea, provocándole intensos dolores. Ella, para liberarse, creó un pedernal y con él fabricó una hoz; en secreto reunió a sus hijos los titanes pidiéndoles obediencia, y solicitó a alguno de ellos que liquidase a Urano, siendo Cronos el único que se atrevió.

Por eso una noche, estando Urano a punto de acostarse con Gea, Cronos lo castró con la hoz hecha por ella, y se cuenta que de la sangre y el semen que brotaron del miembro amputado, la diosa concibió a más hijos: a las Erinias, a los Gigantes con armadura y a las Ninfas de los fresnos.

Luego de la castración de Urano, tuvo a Equidna y Tifón, engendrados por Tártaro, y con su otro hijo Ponto tuvo a las deidades marinas Nereo, Forcis, Taumante, Ceto y Euribia, y con Éter parió a Ergía, la diosa de la holgazanería.

Como ves, Gea es el origen de todas las cosas y fuerzas naturales que hay sobre el planeta, capaz de procrearlas ella misma sin necesidad de intervención masculina. Para que te hagas una idea de su importancia, cuando los antiguos griegos juraban en su nombre, estos juramentos se consideraban absolutamente sagrados.


La Madre Tierra en otras culturas antiguas

Esta figura primordial es común a la raza humana, así lo testimonian otros mitos aún más antiguos que el griego. Hay algunos antropólogos que apuntan a una evolución de la Gran Madre del preindoeuropeo, diosa de la vida y de la muerte que se adoraba ya en el Neolítico, aunque dentro de la antropología hay controversias y ningún acuerdo académico.

Lo cierto es que muchos estudiosos interpretan la existencia de varias diosas (como Deméter, la madre, Perséfone, la hija y Hécate, la vieja) como tres aspectos de una gran y antigua diosa. Aquí se une a la mitología celta, que también ostenta diosas tripartitas.


Sumerios, caldeos, mesopotámicos

Para estas culturas, la diosa Madre Tierra estaría personificada en las figuras de Tiamat, o en Ishtar (la diosa Inanna de Uruk, a la que le cantó Enheduanna), Astarté para los fenicios o Asera en Canaán.

Los sumerios, por ejemplo, le escribirían numerosos poemas eróticos a su diosa Ninhursag, generosa como la Tierra misma. Aquí hay una mezcla de imágenes, la diosa de la fertilidad y a la vez del amor y el erotismo.


Roma

Cibeles, la diosa frigia, se veneró como la Magna Mater, la “Gran Madre” e incluso como Mater Nostri, “Nuestra Madre”, y se la identificó con Ceres, la diosa de la agricultura, de donde proviene nada menos que el alimento.


Incas

Para la cultura incaica, también existe una figura que representa a la Tierra, de donde la humanidad saca su sustento. Es la Pachamama, deidad cotidiana y doméstica que actúa sin mediación de nada y con la que se habla con familiaridad. A ella se le pide comida y se ofrecen disculpas si se ha hecho algo dañino en contra de la tierra.

La gran diferencia entre Pachamama y Gea es que la incaica no es una diosa creadora, sino protectora y proveedora. Favorece la fecundidad, y cobija y ayuda a los seres humanos; a cambio de su protección, el pastor de la Puna Meridional debe hacerle ofrendas (una parte de todo lo que recibe) para mantenerla contenta.

Pero la Pachamama tiene hambre infinita y cuando no se le dan suficientes ofrendas, o cuando se la ofende, provoca enfermedades y sufrimientos.


Mexicas

Coatlicue significa en náhuatl “la que tiene falda de serpientes”, y es la diosa de la fertilidad, dueña de la vida y de la muerte, y quien guía el renacimiento. También se llamó Tonantzin (nuestra madre venerada) o Teteoinan (madre de los dioses)

Como Pachamama, no es una diosa creadora, a pesar de que en el mito es la madre de Huitzilopochtli, el principal dios de los mexicas.

Sin duda, veneramos a la Tierra porque nos da cobijo y de ella nos alimentamos, los mitos no son más que las manifestaciones de nuestro agradecimiento, cargado de amor y de temor.

Fuente: https://supercurioso.com
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