Pan y progreso humano

Pan y progreso humano
Ancestros del pan.

Los pueblos que habitaban esa región ya producían harina a partir de cereales hace alrededor de 23.000 años.

Algunos alimentos nos han acompañado desde la prehistoria y han hecho historia. Quizá uno de ellos sea el vino, quizá otro sea la cerveza, pero sin duda el pan es uno de ellos.

El pan transciende su importancia como un mero alimento en algunas culturas, en particular, en la cultura occidental, en la que muchos de sus miembros creen que puede convertirse, al menos de manera simbólica, en el cuerpo del hijo de Dios durante la celebración del sacramento de la Eucaristía.

El pan es un alimento tan importante que la palabra” pan” se ha convertido en una metáfora para la alimentación o la riqueza. “Traer el pan a casa”, “pan y circo” (hoy, pan y fútbol), o “dame pan y dime tonto”, son frases comunes en las que la palabra “pan” no significa en realidad el propio alimento, sino algo que lo transciende.

Incluso la pasta que se usa sin fermentar en la generación de macarrones, espaguetis, etc., ha adquirido también otros significados.

El que pregunta quién se llevó la pasta sin partirnos el pan no suele ser el panadero, precisamente.

A pesar de su importancia en las cocinas de más de medio mundo, el origen del pan no es conocido con certeza.

Los primeros restos de pan que se descubrieron en yacimientos arqueológicos de Europa y el sudeste de Asia datan del Neolítico, una era prehistórica que comienza hace unos 10.500 años y que se caracteriza por el descubrimiento y la diseminación de la agricultura y la ganadería. Estos hallazgos hicieron suponer a los arqueólogos que el pan se inventó solo tras el inicio de la agricultura y, por tanto, es como máximo tan viejo como esta.

Pan y progreso humano

Microscopia de barrido electrónico de pan integral.

Sin embargo, otros hallazgos no concuerdan con esta idea.

En el sudeste de Asia, región en la que los ancestros silvestres de algunos cereales domesticados, como el trigo o la cebada, siguen existiendo de forma natural, un grupo de investigadores descubrió que los pueblos que habitaban esa región ya producían harina a partir de dichos cereales hace alrededor de 23.000 años, es decir, en el Paleolítico.

La práctica de recoger semillas y machacarlas rudimentariamente con piedras para convertirlas en harina parece, de acuerdo con estos datos, ser muy antigua. 

La generación de harina es, evidentemente, requisito indispensable para fabricar pan, pero hacer harina no implica necesariamente que se fabricara pan por aquella época.

Pan y progreso

No obstante, este y otros hallazgos condujeron a algunos a defender la idea de que el pan ya se fabricaba, si no hace 23.000 años, sí antes de que se descubriera la agricultura.

De ser así, y esta es mi propia idea, tal vez la fabricación de pan a partir de cereales silvestres y su atractivo como alimento sencillo y nutritivo, fue la que estimulara el cultivo de los cereales, es decir, espoleara el inicio de la agricultura, no al revés.

El pan podría haber sido así una fuente de progreso casi sin parangón para la Humanidad, porque conseguir alimento suficiente para la mayor cantidad posible de personas es lo que capacita la formación de sociedades complejas, las únicas que permiten el surgimiento de nuevas ideas y avances.

Aunque la fabricación del pan antes de la aparición de la agricultura es una posibilidad atractiva e incluso emocionante para quienes desean comprender los factores que desde el amanecer de los tiempos nos han conducido hasta el mediodía de la civilización, no se disponía de pruebas de que así fuera.

Un grupo de arqueólogos, entre los que participan dos científicas españolas, Amaia Arranz Otaegui, actualmente en la Universidad de Copenhague, y Lara González Carretero, actualmente en la Universidad de Londres, han descubierto restos de pan en un yacimiento arqueológico llamado Shubaiqa 1, localizado en el noreste de Jordania, donde habitó un pueblo primitivo denominado Natufian. 

De acuerdo con los estudios realizados, los restos datan de hace entre 14.600 y 11.600 años, es decir, de al menos tres a cuatro mil años antes del inicio de la agricultura en esa región del planeta.

Evidentemente, para demostrar que los restos encontrados corresponden a migas de pan primitivas los científicos no pueden mordisquearlos y confirmar que se trata de pan.

La arqueología, antiguamente, era realizada por exploradores o excavadores que, como Indiana Jones, se aventuraban por extraños y ocultos pasadizos, penetraban hondas grutas y, como mucho, se llevaban a la boca o a la nariz los restos hallados para averiguar de quién era la momia. Hoy, esa manera de hacer arqueología es tan obsoleta como los restos de pan primitivo descubiertos.

Los científicos deben identificar de manera fehaciente las características de la masa de harina primitiva. Es conocido que tras mezclar harina y agua se forman inicialmente en su interior minúsculas bolsitas de gas cuando la masa comienza a fermentar. Los científicos han adquirido un conocimiento profundo sobre la dinámica de esas bolsas al expandirse y unirse unas con otras cuando la masa crece y es finalmente cocida.

Con este conocimiento, el análisis, por microscopia de barrido electrónico y otras sofisticadas técnicas modernas que Indiana Jones nunca imaginó, de los restos recogidos en los sitios donde los pobladores de esa zona mantenían los fuegos encendidos, demuestra que estos cocinaban pan. Los restos eran minúsculos, como era de esperar, miguitas de pan de solo unos pocos milímetros; no obstante, de un tamaño suficiente para poder determinar que se trata de restos de pan primitivo.

Estos nuevos descubrimientos tal vez no ayuden a curar enfermedades o a desarrollar nuevas tecnologías de la información, pero pueden ayudar sin duda a que respetemos y valoremos más lo que hace miles de años nuestros ancestros hicieron, aun sin saberlo, para impulsar el desarrollo de la Humanidad.

Lo fabuloso es que lo que hagamos hoy, incluso también sin saberlo, puede tener un efecto similar en el futuro.

Fuente: https://jorlab.blogspot.com
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